📖152 páginas📖
Sinopsis:
Travis trabaja en una revista y es día de cierre. Mientras le ronda la pavorosa idea de que van a despedirlo, no dejan de sucederse a su alrededor imprevistos de toda clase. Anne, por su parte, se siente harta del departamento de atención al cliente en el que está destinada, donde la relación con algunos de sus compañeros amenaza con hacer saltar la oficina por los aires. No va a ser fácil llegar al final del día.
Cuando acabé este libro me quedé totalmente planchada. Me partió en dos. En una página. En la última página. ¿Cómo es posible esto? Fui hacia atrás para ver si en la historia decía qué había pasado exactamente, a ver en qué momento yo había entendido lo que no era y por qué. Pensé que habría cosas que solo se perfilaban o que se daban por supuestas, pero me equivoqué: el señor Tallón me puso delante de la cara toda la información paso a paso, y no la vi. Brutal pero genial. Horrible pero necesario. Todos deberíamos leerlo.
Esto no se puede comentar mucho más sin spoiler así que ahí va:
El momento en el que Travis ve que tiene trece llamadas perdidas de números largos es raro pero claro, como está el tema de la estafa del aspirador piensas que puede ser algo de eso. Además, se queda esperando a que vuelvan a llamar y no lo hacen, así que ahí queda. Cuando llama a la mujer y esta le dice que dónde está Iván... Leí la última parte a la velocidad del rayo, como imagino que pasaron las imágenes de la situación por la cabeza de Travis mientras se desmayaba. Tuve que releerlo varias veces porque era incapaz de leerlo despacio. Qué angustia. Y entonces me pregunté "¿el niño se quedó en el coche o en la casa? Por favor, que se quedara en la casa" porque si estaba en el coche ya estaba más que frito. Con razón durante todo el relato se está haciendo hincapié en la ola de calor y en los muertos que ha habido esos días a causa las altas temperaturas. Que el suelo les quema. Que no se quieren parar a fumar tras desayunar, que les da miedo sacar el mechero y que explote por el calor. Que no se puede ir al parque. La ropa pegada a la espalda. Volví atrás y busqué la parte en la que Travis se va a trabajar, y comprobé que mete al niño en el coche sin asomo de dudas, y guarda la mochila y la merienda en el maletero, mientras que deja su propia mochila en el asiento del copiloto. Vale, no hay dudas, el niño estaba en el coche. Detrás del conductor, encima. Pero, ¿cómo no me di cuenta de que se lo estaba dejando ahí? Seguí releyendo hasta que llega al trabajo: Tallón no ha escondido nada, en mi cara me puso todas las palabras que describían que lo llaman mientras aparca y, con el móvil entre la oreja y el hombro, sale del coche mientras habla por teléfono y se va a trabajar, sin haber parado antes en ningún otro sitio. No me di cuenta de que el niño estaba ahí. Me dejé atropellar por los acontecimientos, como Travis. Pensé que entre capítulo y capítulo habría parado, quizá, lo di por hecho. Le seguí. Me metí en esa vorágine. Y me olvidé de lo más importante.
Al releer vi la parte en que comentaba que los números largos suelen ser de instituciones, y que había aparcado al lado de la policía. Eso junto con las trece llamadas de números largos me hace pensar que esas llamadas eran porque ya habían encontrado al niño y habían identificado (por la matrícula) que el coche era suyo. Por eso no llamaron a la madre y ella no sabía nada, sino que lo llamaron solo a él.
Es un final brutal, angustioso, horrible. Y lo peor es que caí con Travis. No me di cuenta.
Creo que todo el mundo debería leerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario